VACUNA ANTIGRIPAL y CARDIOPATIAS

El doctor Enrique Gurfinkel, junto a otros investigadores de la Fundación Favaloro, de Buenos Aires, observó que en América del Sur la semana 28 (alrededor de mediados de julio) es históricamente la que registra mayor número de pacientes afectados por la gripe, y coincidentemente también la de mayor tasa de infartos cardíacos y cerebrales.

“Luego de varias investigaciones observamos que en el infarto, como en la gripe, había un componente inmunológico, una suerte de reacción indeseable del cuerpo contra sí mismo”, explica Gurfinkel.
“Y debido a su semejanza el cuerpo parece ‘confundir’ ciertas estructuras biológicas del corazón y el cerebro, con las de algunos virus y bacterias.
Así, la respuesta defensiva del cuerpo ante la detección de un germen com­plica los propios tejidos de los vasos, predisponiendo al desarrollo de la enfermedad coronaria”, comenta Gurfinkel.

Fue por esto que entre 2001 y 2004, el grupo de científicos decidió inves­tigar los efectos de la vacuna contra la gripe en pacientes cardiológicos.
En una muestra de 301 pacientes in­ternados, la mitad de ellos fueron va­cunados contra la gripe. “Un año más tarde, los resultados fueron sorpren­dentes -dice Gurfinkel-. La morta­lidad se redujo en un 50 por ciento en el grupo vacunado. Al comenzar ese segundo año, mientras los pacientes continuaban con sus tratamientos car­díacos normales, se invirtió la prueba, los que habían sido vacunados esta vez no recibieron la vacuna y vice­versa. Un año más tarde, nuevamente el grupo de los que fueron vacunados. mostró una significativa caída de la mortalidad”. Estos resultados fueron presentados en las influyentes revistas Circulation, en 2002, y European Heart Journal, 2004.
Desde entonces, la Organización Mundial de la Salud se basó en este trabajo para aconsejar que todo pa­ciente cardiópata se vacune contra la gripe.
“La vacunación antigripal es una medida simple, cuesta entre 20 y 40 pesos, se da en forma anual y rara­mente tiene efectos indeseables, lo que la convierte en una tremenda oportunidad para reducir el riesgo car­díaco“, se entusiasma Gurfinkel.

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