“Doctor, me quieren dar insulina” – Temores infundados llevan a los pacientes a retrasar la insulinoterapia

Doctor, tengo 56 años y lo vengo a ver porque estoy en las últimas: tengo diabetes hace 9 años, me quieren dar insulina y yo no quiero. Además, un familiar tuvo complicaciones en los pies y en la vista después de usar insulina“, dijo Carlos en su primera consulta. Estaba tan angustiado que ni se había sentado.
Le pedí que se sentara y que me diera datos de la evolución de su enfermedad. Al terminar la revisión clínica, que incluyó un exhaustivo examen de los pies y fondo de ojo, evalué los estudios que traía junto con el registro de sus niveles diarios de glucosa.
Carlos tenía su diabetes descompensada desde hacia 7 años, según los valores de hemoglobina glicosilada que desde ese entonces superaban el 7% recomendado. “¡Pero si yo no sentía nada!“, replicó. “De eso se trata: la diabetes no duele y cuando duele es tarde.

El secreto del tratamiento de la diabetes consiste en mantener la glucosa, la presión arterial y las grasas de la sangre dentro de valores adecuados. Para mantener los niveles de glucosa en valores aceptables hay que hacer actividad física y llevar adelante un plan alimentario. Y tomar medicación.

Vengo tomando dos medicamentos y en un momento tomé tres sin lograr un buen control de glucosa. Qué remedios nuevos hay para la diabetes.” Le expliqué que los que él tomaba son adecuados y que lo estaban tratando con la combinación y dosis máximas.

El no se sentía enfermo, pero sí un poco cansado, y se levantaba dos veces de noche para orinar. “Doctor, estoy bien así“, se defendió. “No, usted no está bien, estos niveles de glucosa lo están dañando“, afirmé.
Entonces, ¿qué me aconseja?” Antes de contestar esperé un momento y me acordé de todos los prejuicios existentes para el uso de insulina: “Me tengo que inyectar“, “tengo que medirme la glucosa“, “me va a complicar la vida“, “es peligroso“.

Comencé diciéndole: “Carlos, usted está en un momento óptimo para empezar a cuidar su diabetes, si bien, según mi Juicio, dejó pasar varios años sin un adecuado control“. “Lo que pasa, doctor, es que no sentía nada“, repitió. “Es cierto, pero seguro que alguien ya le habrá indicado que, habiendo llegado al máximo de dosis de medicamentos orales y cumpliendo con su dieta y actividad física, hubiera sido necesario complementar el tratamiento con insulina“, aventuré. “Sí, ya me lo dijeron dos colegas suyos“, confirmó.

Le conté todos los prejuicios que suele haber en torno del uso de insulina en diabetes Tipo II, incluyendo los que él traía. Le expliqué que lo más seguro era que cuando su familiar había aceptado usar insulina ya había presentado complicaciones. Que esto era lo que queríamos evitar. Que con las nuevas insulinas los tratamientos son muy seguros.

Dos semanas después, Carlos volvió a visitarme. “Doctor, tengo que reconocer que aplicarme insulina junto con las pastillas me ha permitido recuperar el sueño. No me estoy levantando para orinar. Estoy más ágil y me siento mejor. Si hubiera sabido que esto era tan simple lo habría hecho antes.” Cuando revisé sus niveles de glucemia comprobé que se habían ido ubicando en valores más aceptables, y la hemoglobina glicosilada de Carlos, 4 meses después de comenzar la insulinoterapia, estuvo debajo del 7% por primera vez en 7 años.

El autor es Jefe de la Sección Diabetes y Metabolismo del Hospital Italiano

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